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Citas extraídas del libro

En resumidas cuentas, cuando nos dicen «descarbonizar» en realidad debemos entender «decrecer», porque eso es lo que implica. Decrecer no necesariamente en calidad de vida, pero sí en términos de PIB, en la movilidad y en otras áreas de las economías industrializadas que son responsables de emisiones netas de CO2 (o sea, prácticamente todas). (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 75)
Lo peor de todo no es que estas políticas incoherentes estén condenadas al fracaso, sino que van a tener graves consecuencias no sólo para nosotros sino para otros pueblos del mundo y para el conjunto de la vida presente y futura sobre el planeta Tierra. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 76)
Resulta desolador pensar que si tenemos como requisito previo algo que es matemáticamente imposible, las posibilidades que tenemos de llegar a esa famosa «neutralidad climática» son cero, un cero bien neto. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, pp. 79-80)
De manera similar al intento de los gobiernos de hacernos creer que van a descarbonizar la economía a base de construir polígonos eólicos, trenes que circulen con hidrógeno y coches a pilas, da la impresión de que quieren que nos creamos que la van a convertir en circular sólo con reciclar un poco más, aplicar tibias medidas de reducción de los residuos y utilizar algunos de ellos como materia prima en unas pocas industrias. Vamos, que comulguemos con unas muy circulares piedras de molino. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 85)
Pero si nos tomásemos realmente en serio el objetivo de hacer al menos cuasicircular la economía (…), de lo primero que habría que desprenderse sería del objetivo de hacer crecer el PIB a cada ciclo anual. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 85)
Porque todos coincidiremos en que ponerse a perseguir cosas imposibles a estas alturas, en plena emergencia energética y en medio de una aterradora aceleración del caos climático, sin tiempo para equivocarnos y rectificar, resultaría una idea más que temeraria, directamente suicida. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 93)
En realidad no necesitamos ninguna nueva tecnología milagrosa para vivir en un mundo 100% renovable: antes de la Revolución Industrial ya vivíamos en sociedades edificadas únicamente sobre lo renovable, y disponíamos de toda una panoplia de resilientes tecnologías low-tech con milenios de desarrollo y perfeccionamiento detrás. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 96)
Podemos, así pues, concluir que la gran huella energética y material de los sistemas de captación de energía fotovoltaica junto con el hecho de que requieran necesariamente que una buena parte de dicha energía y materiales sean de tipo no renovable, pone en duda no sólo que este tipo de sistemas merezcan el calificativo de renovables, sino incluso su papel en una Transición Energética que pretenda sustituir las energías fósiles y contribuir a evitar los peores escenarios del caos climático en curso. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 106-107)
Parece que se van acumulando los motivos para una rectificación realista en toda regla del rumbo y objetivos de la llamada Transición Energética. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 107)
[…] ¿hasta cuándo será capaz el Estado de disponer de recursos para pagar todas estas ayudas?, ¿de dónde van a salir los ingresos dentro de unos años para rescatar sectores, muchos de los cuales ya insostenibles a medio plazo, o para pagar los intereses de las deudas contraídas, por ejemplo dentro del plan Next Generation eu, cuando la actividad económica comience su irreversible declive en paralelo al de la energía neta disponible? (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 113)
[…] nuestros gobernantes no pueden justificarse alegando ignorancia, o apelando a que nadie podía saberlo. Los estudios describiendo las consecuencias del Peak Oil concretamente o del declive energético en general son, a estas alturas, públicos y abundantes, e incluyen desde informes encargados por los propios gobiernos como el de los EE.UU. hasta estudios realizados por organismos de inteligencia militar, empresas aseguradoras o instituciones académicas. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 122)
No podemos olvidar que en el mundo una de cada diez personas aún no tiene si siquiera acceso a la electricidad, mientras en países enriquecidos como España, seguimos apostándolo todo a electrificarnos aún más, a sobreelectrificarnos, cabría decir, cuando sabemos que los recursos requeridos para dicho empeño no van a alcanzar para todos y que, por tanto, cuanto más avancemos nosotros en dicha electrificación superflua, menos se podrán electrificar otros países no para usos ostentosos sino para los más básicos y necesarios. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 125)
[…] el concepto de «justicia» a la hora de repartir los costes de la Transición Energética debería ser muchísimo más amplio que el que recoge la legislación y el discurso político actuales. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 127)
[…] una Transición Energética para ser realmente justa, debería reconocer que todos nos veremos afectados por ella, que todos somos vulnerables, y practicar también dicha justicia con el resto de seres humanos, con el resto de la Biosfera y con las generaciones venideras. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 129)
[…] el coche eléctrico no elimina la contaminación al circular, sino que tan sólo la aleja de nuestra vista. ¡Ojos que no ven, corazón que no siente! (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 136)
De nuevo nos encontramos, pues, con una de las grandes paradojas de la Transición Energética: los coches eléctricos, una de las herramientas promocionadas por los gobiernos para lograr la llamada descarbonización y combatir el caos climático… ¡podrían acabar agravándolo! (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 140)
[…] la transición hacia una movilidad sostenible no sólo significa el fin del coche movido a base de petróleo, sino que significa el fin del coche particular como producto de masas. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 144-145)
Si finalmente el coche eléctrico va a ser un producto sólo al alcance de los más pudientes, parece lógico interpretar este tipo de medidas [públicas en su apoyo] como un trasvase de riqueza del conjunto de la población a estos privilegiados conductores de coches eléctricos así como a las empresas privadas que los fabrican. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 146)
[…] la disyuntiva en este punto concreto de la Transición Energética es o apostarlo todo a los coches eléctricos que al final serán sólo para unos pocos, o hacerlo por el trasporte colectivo eléctrico para todos complementado con vehículos ligeros eléctricos de uso particular o compartido, y quizás también con cierto volumen de combustibles obtenidos de manera sostenible a partir de residuos […] (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 150)
[…] parece más lógico invertir la energía y el dinero en completar la electrificación del trazado ferroviario y conectarlo directamente a la red de distribución eléctrica, en lugar de perder energía y dinero en construir sistemas de electrólisis, plantas de compresión o licuado de hidrógeno e infraestructuras de trasporte. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 158)
[…] pese a su potencial interés y adecuación para ciertos usos industriales o para ciertos tipos muy concretos de vehículos, el hidrógeno no nos soluciona el mayor problema que implica la Transición Energética: la escasez de energía. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 165)
Si esas emisiones provocan el disparo de algún bucle de retroalimentación positiva en el calentamiento global, luego no servirá de nada su supuesto ahorro posterior de emisiones, porque será demasiado tarde para frenar un caos climático apocalíptico. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 174)
La Transición Energética en Europa además de incoherente, reñida con la evidencia científica e ineficaz, se revela así como una apuesta claramente antidemocrática (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 179).
El problema de que la civilización industrial sea una sociedad «esencialmente minera» es que no existe minería sostenible, por definición, y por tanto, una vez se agoten las minas, no puede continuar. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 196).
[…] la Transición Energética no puede llegar a buen término con su formulación actual, encaminada a pasos acelerados a agotar unos recursos minerales excepcionales que haríamos bien en conservar para usos más críticos y a los que también tienen derecho unas generaciones venideras que no disponen ni de voz ni de voto en nuestras sociedades minerodependientes. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 205).
[…] cambiar nuestros hábitos no es algo que debamos hacer para ser sostenibles o por un imperativo moral como corresponsables del desastre climático y ecológico, sino principalmente como mecanismo de autoprotección y adaptación ante el futuro desabastecimiento permanente de una gran cantidad de productos de consumo que hoy damos por asegurados con tan sólo atravesar la puerta de un supermercado o de un centro comercial. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 211).
[…] las acciones para la transición desde arriba (las instituciones) y desde abajo (la ciudadanía) deben ser simultáneas, paralelas y, sobre todo, retroalimentarse positivamente. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 213).
[…] mientras sigamos privilegiando el aquí y ahora, único marco de referencia de esta cultura capitalista-consumista, no lograremos salir del atolladero en el que estamos, y seguiremos siendo cómplices de un asesino supremacismo del presente sobre el futuro. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 217).
Podemos ver, por tanto, nuestra civilización como una gran pirámide construida y mantenida en pie por miles de millones de esclavos fósiles, y el fin del petróleo como el fin de la esclavitud energética al servicio del modelo de sociedad industrial que los propios combustibles fósiles han moldeado a su imagen y semejanza. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 226).
Si la abolición nominal de la esclavitud causó a lo largo de la Historia no pocos conflictos, podemos seguramente preverlos también durante el final de esta invisible pero omnipresente esclavitud energética. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 227).
Pero del mismo modo que no hicimos caso de las repetidas advertencias científicas sobre la segura llegada de una pandemia, ahora parecemos desoír también los desesperados mensajes de nuestras científicas y científicos sobre la destrucción de la Biosfera, un cambio climático que se acelera, la imposibilidad de llevar a cabo una Transición Energética como la que se pretende realizar, o sobre nuestra grave falta de resiliencia ante todas estas amenazas. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 234).
Sin duda aún hay mucho por hacer para que nuestros políticos no se den cuenta demasiado tarde de que ya es demasiado tarde para aquella bonita y obsoleta idea de la sostenibilidad, y comprendan que aún podemos hacer mucho por un objetivo mucho más realista e importante a estas alturas: hacernos más resilientes para sobrevivir al choque con los límites del planeta. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 244).
La buena noticia es que el camino para mejorar nuestra resiliencia es el mismo que para realizar una Transición Ecológica y Energética viable a un nuevo tipo de economía baja en emisiones de carbono y que además nos permita minimizar las posibilidades de un cambio climático catastrófico. Dicho camino consiste en planificar una reducción controlada y socialmente justa de la esfera material de nuestra economía, realizando una Transición Económica y Cultural del crecimiento al poscrecimiento, del consumo al bienestar, y del PIB como guía absoluta, al bien común y a la resiliencia como nuevas brújulas de la política. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 244).
No podemos aceptar una Transición Energética como la que nos proponen: en primer lugar porque es imposible, como hemos explicado a lo largo de este ensayo (no hay suficiente energía fósil, no hay suficientes minerales y un largo etcétera). La mera sustitución de energías fósiles por eléctrica renovable, para seguir consumiendo igual, es una «milonga», tal como la califica Turiel. Y en segundo lugar porque, aunque fuese posible, no sería suficiente para conjurar el peligro de un cambio climático de dimensiones realmente apocalípticas (necesitamos transitar a un sistema que no necesite crecer para funcionar, esto es, una «transición decrecentista», en palabras de González y Almazán). Hacia donde estamos yendo, contrariamente a todo el discurso oficial actual, es hacia la inseguridad energética. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 256.)
Y es que la Transición Energética se está planteando rematadamente mal desde el principio. A la vista está: cada vez hay más eólica, fotovoltaica, hidrógeno verde, coches eléctricos, etc. …pero las emisiones que están destruyendo el clima y nuestras perspectivas de supervivencia como especie, ¡siguen aumentando! Esto constituye un rotundo fracaso hasta el momento y no hay visos de que la cosa vaya a cambiar si continuamos por el mismo camino. Esto es debido, como hemos explicado, a que se está planteando la Transición como un problema técnico, como una cuestión de ver cómo sustituimos unos combustibles y unas energías por otras, para seguir haciendo básicamente lo mismo de siempre. En realidad nuestra especie ha desarrollado ya, desde hace muchos siglos, todo tipo de tecnologías para poder vivir únicamente de las energías renovables. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, pp. 256-257.)
[…] no se trata de un problema técnico, sino social, económico, político y definitivamente, un problema sistémico, un problema de raíz de nuestra cultura. No sólo hay que cambiar de energía, hay que cambiar completamente de modelo de civilización, porque una energía diferente implica un sistema diferente, un modo de vida radicalmente diferente. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, p. 257.)
Nos toca ahora, como al hijo pródigo de la parábola bíblica, regresar humildemente a casa, realizar no una transición a otra manera de continuar con esta orgía de derroche destructivo, sino realizar en cierto modo una Regresión Energética: regresar a vivir sólo de las energías renovables que nos proporciona principalmente el Sol, regresar a economías sensatas preocupadas por las necesidades humanas, regresar a conceptos no materialistas del bienestar y de la riqueza, regresar a los límites biofísicos del planeta, regresar a niveles de consumo energético y material y a niveles de contaminación asimilables por nuestra casa común viviente, el planeta Tierra. (Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, pp. 260-261.)
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